lunes, 13 de abril de 2009

A Arthur


Se supone que hoy iba a escribir un texto alegre, algo que animase a los que lo leyeran en su vuelta al trabajo después de la Semana Santa. De hecho lo tengo escrito y quizás otro día lo cuelgue. Pero hoy no va a ser. Hoy quiero hablar de Arthur Craven, hoy que nos ha dejado.
Ya he dicho muchas veces que siempre llego tarde a todo, que pienso las cosas pero tardo tanto tiempo en hacerlas que al final cuando me arranco ya no valen... y hoy tengo esa sensación. Y hoy no va a tener arreglo, ni siquiera esa sonrisita de niño malo, o unas palabras adecuadas lo van a arreglar.
Arthur era un hombre extraordinario que me acogió en su casa sin ni siquiera conocerme. Yo pasé de la calurosa España a un barrio residencial típico americano y en poco tiempo me encontré como en casa. Okemos, Michigan fue mi segunda casa y si eso es así es gracias a este hombre con el que congenié siempre y que me ayudó a que el cambio no fuera nada traumático.
Genéticamente no tengo ni un cromosoma heredado de él, pero en algunos aspectos, una parte del hombre que soy si. Arthur era de Nueva Zelanda y había viajado más de lo que yo lo haré jamás y tenía ese sentido del humor británico que es tan complicado de entender pero que cuando lo haces entras en un nuevo mundo. Lector asombroso y cocinero respetable, me compró mi primer coche cuando me saqué el carnet. La cosa sucedió así:
Arthur tenía un BMW que cuidaba como si fuera un hijo y yo pues... el carnet en USA lo dan con, digamos poca práctica... Entonces llegué contentísimo con la buena nueva, había aprobado! Y le comenté a Arthur lo que iba yo a ligar con el BMW en el insti... Al día siguiente llegó con un Pontiac del 79 para mi que me regaló con una condición: que no tocará el suyo ni para meterlo en el garaje. Sólo me lo dejó para ir al baile de graduación... creo que me siguió en taxi.
Tenía pensado ir a EE.UU. este verano, o en noviembre y verle antes de que muriera porque sabía que estaba mal. Debía haber ido el año pasado, cuando comenzó a ponerse enfermo pero yo siempre llego tarde. Y esta vez no tiene remedio.

3 comentarios:

Anchama dijo...

Las intenciones son las que valen.
Tú a esta persona la has querido y admirado, y creo que él lo sabría, y es lo que realmente importa.
A mi me ha pasado hace poco igual, pero preferí no ver a mi familiar y quedarme con su grato recuerdo.
Ténlo siempre en tu memoria y corazón y asi se mantendrá vivo.
Ánimo.

Sergio Crespo dijo...

Gracias. El sentimiento de culpa es uno de los peores que puede haber... Saber que podías haber hecho más y no tener la oportunidad de demostrartelo a ti mismo es muy malo.

Aurora dijo...

¿Siempre llegas tarde a todo?, seguro que has llegado en el momento oportuno a montones de cosas importantes, no te culpes... Esa sensación de no haberte despedido de una persona querida es dura, aprende de ella.
Dicen que todos estamos conectados, más aún con quien tenemos una relación especial, tú la tenías con Arthur, y él lo sabía. Despídete de él en tus sueños, funciona sabes?!
Y si puedes y te apetece empieza a transformar esa conducta "de llegar siempre tarde a todo", la intención creo que ya la tienes, así que ponte en acción, lánzate, escucha a tú corazón sin miedo y hazle caso, no te apeges a comportamientos que son cómodos, ni a fantasmas del pasado, tú alguna vez lo has dicho vive cada día como si fuera el primero...
Un fuerte abrazo, Aurora.