jueves, 13 de enero de 2011

La verdad sobre la obsolescencia programada


Hace unos días, la 2, la estupenda cadena que todo el mundo dice ver pero que luego tiene tan escasa audiencia, emitió un magnífico e inquietante documental sobre la obsolescencia programada. La producción Comprar, tirar, comprar desnuda la gran farsa de la economía mundial, basada en una sociedad de consumo de la que es casi imposible escapar, en la que las empresas planifican cuidadosamente la caducidad de sus productos y esconden los que duran más. Desde el cartel de las bombillas, que fijaba multas para las compañías que fabricaran filamentos más resistentes -hay una misteriosa bombilla, cuyo inventor se llevó el secreto a la tumba, que ha cumplido cien años dando luz- hasta la dictadura de las impresoras, que ocultan en su interior un maligno chip que las bloquea al alcanzar cierto número de copias. Y siempre será más "rentable" comprarse algo nuevo que arreglarlo.
Todos hemos escuchado a nuestras madres decir que las lavadoras de antes duraban más, que su primer coche anduvo 20 años o que la televisión en blanco y negro todavía va si la encgufas a la red. Sin embargo los móviles hay que cambiarlos cada año, los ordenadores cada dos, la ropa cada temporada... Y encima eso parece que es necesario para que la economía siga su curso y no provoquemos un caos en nuestra ya maltrecha situación.
¿Qué pasaría si alguien intentara un movil que durara 10 años? Pues que Nokia quebraría y todos sus empleados se irían a la calle.
Odio las pareadojas de la economía. Odio sus ritmos, odio sus lógicas que me hacen sentir permanentemente como un hamster subido en su ruedecita, sin poder dejar de correr para no caerse y sin embargo sin llegar nunca a ningún sitio.
Por cierto, ¿habrá políticos con obsolescencia programada y resulta que están programados para estropearse?

1 comentario:

Aitor dijo...

Yo creo que a más de un político ya le ha saltado el chip, pero bueno... he puesto un enlace en mi blog a tu entrada, espero que no te importe.