lunes, 12 de julio de 2010

Beso Iker Casillas y Sara Carbonero, el triunfo de la normalidad

Todos estamos en una nube. Todos los españoles nos sentimos importantes por una vez, nos sentimos orgullosos de nuestro país y casi de manera unánime todos estamos a una. El Mundial nos ha dejado innumerables momentos impresionantes y uno de ellos es sin duda el beso de Iker Casillas y su novia la periodista Sara Carbonero. El pasaje es un documento tan maravillosamente televisivo como natural, son dos personas que se quieren que celebran un momento importante, como hemos hecho todos en nuestras casas, es la demostración de que estos chicos no tienen nada de idiotas y que hacen lo que es natural, lo que hace cada hijo de vecino cuando está feliz.

Atrás deben quedar todas las injustas manifestaciones hechas por gente desinformada que tenía como objetivo quizás desestabilizar a nuestro equipo, o ser garantes de la profesión peródística sin tan siquiera molestarse en saber cómo se trabaja en un Mundial.

Iker es un porterazo, Sara una periodista de calidad... Y ambos son gente normal, que han sabido convivir con una presión añadida a la que ya tenían de por si. De manera que si después de lograr los objetivos se quieren demostrar el cariño que se profesan lo que hay que hacer es sonreir, como se sonríe al final de las películas que terminan bien.

4 comentarios:

sl4ught3r dijo...

Mi humilde homenaje a este MOMENTAZO..
http://www.youtube.com/watch?v=slsLjvrzwa4
:_)

Alfonso dijo...

El vídeo ya no está disponible por una reclamación de Telecinco jjj, hasta los besos lo cobran, por Dios ¡qué país!

sl4ught3r dijo...

Pues me parece fatal, la verdad.. Ese beso debería ser declarado Patrimonio de la Humanidad y que fuera de libre uso!

laportademanolomartinez dijo...

Han observado ustedes las morisquetas que hacemos con la boca cuando le damos la papilla a un bebé? Cómo, mientras le arrimamos la cuchara colmada de potito, abrimos, desproporcionádamente, nuestras fauces, catequizándoles en el arte de comer, y luego, nos relamemos, sacando medio metro de lengua y barriendo en círculo, desde la nariz hasta la nariz, pasando por la barbilla, intentando hacer el trabajo que le corresponde al niño. Pues, eso, exactamente eso, es lo que hizo media España, cuando, Casillas, le zampó el beso a la Carbonero, después de ganar el Mundial. Todos apretamos el hocico, cuando, Íker, espachurró su cara contra la de Sara. No digan que no, que esto queda entre ustedes y yo. Millones de toritos bravos, comprimieron sus labios, ante el arrumaco televisado. Todos hicimos, aquella noche, la morisqueta para que, Sara, se comiera todo el potito, y luego, nos relamimos, para que no se derramara ni una gota de aquel beso entre el guapo y la guapa. Aquel beso anunciado, esperado por inesperado, calmó la sed del guerrero tras la árdua batalla naranja. No, no fue el beso de un hijo a su madre, pero tampoco hubo lengua, elemento determinante para la clasificación del ósculo. Aquello fué la merecida recepción al soldado tras su vuelta de las cruzadas. El portero no persuadió a la presentadora, ni la sedujo, símplemente fizo lo que España entera, que no media, esperaba que fiziera. Saboreó su triunfo, se nutrió, y luego, se fué, con el resto de los guerreros a celebrar la gesta, vaya jeta. Todos besamos esa noche a Sara, pero no con gula, sino por echarle una mano al chaval, por no dejarlo solo. No había envidia en nuestro gesto, si acaso lástima de que no supiera hacerlo, y nosotros, generosos, le aleccionamos desde nuestros sofás relax: “ Mira, Íker, así…” , le intentábamos decir todos al de Móstoles. Pero el tío besó el santo y se fue corriendo. Pero ¿ dónde vas…chaval?, espérate, dále otro, más despacio hombre. Estos niños de hoy no saben, que le vamos a hacer.